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1. ESE DÍA



                                                                1. ESE DÍA

Llego a Almazén Café como cada día desde que vivo aquí. Me siento junto a la ventana, me fascina ver como se desarrolla la vida de los demás mientras desayuno. Hace que se me vengan a la mente ideas nuevas para mis próximas fotos. Hoy mi aspecto no es de fotógrafa ni mucho menos, moño despeinado, gafas culo de vaso, y jeans, y como no mi carpeta a la que tengo que jubilar dentro de poco. Todo lo que me rodea en los centímetros de mi mesa es desordenado y caótico.
Veo como entra el mismo señor de todos los días, antes de que pida lo que quiere tomar, lo murmuro yo.
- Cortado de máquina y un donut.
Debe de trabajar en una oficina bufet o similar. Siempre va con americana y pantalón de pinza. Maletin gris y bolso gris, donde lleva su portátil seguro.
Entra otro señor, este con una mochila amarilla, donde me imagino que lleva miles de fórmulas secretas y un Tupper de ensalada de pasta que se comerá en la hora del descanso. Este me resulta interesante.
Seguido sale de dentro de la cocina la otra camarera. Se que se llama Luisa, lo vi en la plaquita que lleva en el delantal el primer día que entré en la cafetería. Me imagino como será su vida cuando termina su jornada. Quizás va a clases de pilates o hace zumba.
Me levanto para ir a la barra a recoger mi desayuno que ya está listo. Zumo de naranja natural, tostada de York y Aove y no me puede faltar mi café con leche de almendras.
Un chico alucinantemente guapo entra en la cafetería, tiene ese aire rebelde que llama la atención nada más verlo, y que nos hace pensar de que  anuncio lo han sacado. Va con una camiseta blanca con el logo de Van's en el pecho y vaqueros pitillos. Con unas Nike en verde pistacho. 
Al pasar las chicas que están sentadas en la mesa junto a la puerta de entrada se giran para mirarlo y escucho alguna risita picarona, él pasa como si no se hubiera dado cuenta que esa reacción será la que causa cada vez que entra a un lugar y hay más personas, sobre todo del género femenino.

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Marta me va a colgar de la Giralda! 
Cojo el móvil, y no hay mensajes ni llamadas. Respiro. Cojo mi chaqueta de cuero negra de Primark, recojo mi portátil de la mesa y voy corriendo a la barra. Allí sigue el guapo con cara de anuncio de perfume. Se gira, y pido mentalmente  que no me sonría. Le digo a la camarera que ahí le dejo el dinero de mi desayuno que tengo prisa, y me voy pitando. Marta está vez me va a mandar a la cola del paro. 
Cojo el móvil y la llamo. 
- Puti 
- Marta; Marta perdóname. Estoy saliendo y hay mucha gente. 
- Carlita... 
- Martita.
- Venga espanta a los unicornios que te entorpecen el paso, y ven corriendo de una puta vez, necesito que vayas a por papel para la pared de fondo. Y luego que vayas a ver una casa para una sesión el viernes. 
- El papel ya no se lleva, brilla mucho en foto. De verdad que me haces poner una cosas... 
- Ven ya, y deja de quejarte, sino quieres que cuando llegues tengas la carta de renuncia en la mesa. 
- Deja las cartas de renuncia  tranquilas, tardo 10 minutos. 
Meto la mano en el bolso y saco el tabaco y el mechero y dejo el móvil dentro. Y pienso, me falta algo. 
- ¡Ven ya¡
- ¡Que si joder¡ Espera. 
- Venga, ¿ahora que te pasa?, si a algún unicornio se le ha enganchado el cuerno en los cables que cruzan la calle, no te preocupes saben desengancharse solos. Pero ven, ¡ya! 
- Idiota, he perdido la carpeta donde tengo las fotos y las notas. 
- ¿En el trayecto hacia aquí? 
- Voy en 10 minutos, Marta. 
Vuelvo atrás sobre todo lo que he andado, ¡no sé cómo puedo ser tan tonta ¡¡Joder!
Voy a llegar tarde al trabajo, voy a llegar sudada, y no me acuerdo ni de lo que tenía que hacer hoy, voy mirando el suelo como si una carpeta "gold rose" no se viera y nadie hubiera podido cogerla. Cuando llegue a la oficina Marta pensará que no me ducho. Repaso en mi mente que habia dentro de la carpeta, quiero asegurarme de que si alguien lo ha encontrado y cogido no sabe que es mío. Hay fotos de todo tipo, fotos que me sirven de idea para mi exposición. Hay notas hablando explícitamente de lo que me parece cada cosa de esta vida, y esta la idea de mi novela junto a sus 4 personajes principales. Idea en forma de novela que sigo dándole forma. Pero no no hay nombre reales. Hay reseñas de lugares. De lugares como el nombre de la cafeteria y ubicación la mesa donde me siento cada día a desayunar. ¡Dios!

Llego a la cafetería y en la barra sigue el mismo chico con la cara de anuncio, donde mismo estaba antes de yo irme. Tengo que tener unas pintas, que ni los corredores de 100 metros liso. Le pregunto a Luisa, la camarera. 
- Perdona, Luisa. 
Luisa pasa de mi, tal vez no me ha escuchado con el ruido de la máquina del café 
- ¿Te falta algo?
- No, no. Verás, he estado aquí hace unos 20 minutos y me he ido con prisas y creo que me he olvidado en la mesa donde estaba sentada una carpeta. Quería saber si la habéis cogido o algo. Es muy importante para mi y mi trabajo. 
- Pues no, yo no he visto nada ni ningún cliente me ha dado nada.  ¿Estás segura que te la has dejado aquí? 
- Si, solo he estado aquí. 
- Pues ya te digo reina, no nos ha dado nadie nada. Si sabemos algo la guardamos para cuando vengas devolvértela. 
- Gracias. 
Se lo digo con toda mi mala cara de un Lunes por la mañana, mirando al tío con la cara de anuncio. 
- ¿Por qué no dejas tu número por si alguien la devuelve y así te pueden llamar? 
Ha hablado, el cara de anuncio, dios de la belleza y de lo rebelde, HA HABLADO. Tiene esa voz ronca que sólo tienen los tíos guapos, sexys, rebeldes y de anuncio. Una voz grave. Noto que me pongo roja como un tomate, por que me noto la calor en los mofletes. 
- ¿Os importa si os dejo mi número? Es una carpeta muy importante. 
Esa carpeta tiene media vida mía dentro en forma de textos, fotos y notas. 
- Toma reina, apunta tu número aquí y tu nombre. Estaremos pendiente. 
- Gracias.
Escribo mi número y mi nombre y se lo doy. Ella lo pone justo donde están los botes de especias. Mentalmente me digo ojalá que lo devuelvan. 
Le vuelvo a dar las gracias y me voy.

Marta casi me mata al llegar a la oficina, pero ya estoy en la tienda esperando mi turno para comprar el papel para la pared. Tiene que ser un fondo floral vintage, la Señora Peláez quiere fotografiar a su perra con un aire ochentero. Madre de dios, lo que aguanta esa pobre perrita. Es mi turno y he pedido 2 papeles, así Marta tiene para elegir. 
De vuelta a la oficina me fumo un cigarro, y vuelvo a pensar en mi carpeta. Cojo el móvil y le mando un mensaje de audio a Aitor. 
- " no imaginas lo que me ha pasado Aitor, he perdido la carpeta de las fotos y notas, y lo peor de todo es que no se si pone algo personal, o no pone nada, por que al fin y al cabo las fotos no son con la cara de nadie, solo salen partes del cuerpo o sitios donde hemos estado y demás, de verdad tío que cualquier día pierdo la cabeza, no sé en qué pienso para ser tan despistada. Por cierto, recuerda que esta noche es la inauguración del local de La Alameda, y que tenemos la invitación. A las 21:00 aproximadamente paso a por ti, ponte guapo". 
Me meto el móvil en el bolsillo del vaquero y sigo andando camino a la oficina, con los dos rollos de papel vintage. 
Me vibra el cachete del culo. Es un mensaje de Aitor. 
- A las 20:30 estaré listo para ti. Y cuida la cabeza que no la pierdes por que la tienes pegada a los hombros. No te preocupes, si alguien la ha cogido, nada más lean la mierda que tienes metida en esa cabezota la van a devolver. No creo que nadie se quiera morir del asco con tu historia de amor imposible y lotes en el portal, bajo la mirada de la Señora Mercedes. 
Me rio. 
Le respondo y vuelvo a guardar el móvil, esta vez en el bolso. 
Marta nada más llegar a la oficina me dice, que han llamado y que tengo una reunión  mañana a las 11:30 con un matrimonio joven que quieren algo diferente en sus fotos de boda. Yo le pongo cada de " odio las bodas", y ella se encoge de hombros. Amo a Marta pero a veces hace que piense que me quiere putear en el trabajo, luego pienso que ella es la jefa y yo su única empleada. 
-Voy a casa de Victor López, y luego a la tienda de cocinas que quieren las fotos para su catálogo. No se que tardo. 
- Vale, avisame cuando termines en casa de Victor, quizás te mande algo de camino a la tienda de cocinas. 
- Aún no tienes bastante con tenerme esclavizada en la oficina que ahora soy la chica de los recados. 
Me voy de la oficina poniéndole caras.

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